Notas de lecturas 03: Extractos del libro «El Purgatorio, una revelación particular» Anónimo, Rialp

En una sociedad como la actual impregnada de inmanentismo (donde sólo damos valor a nuestra vida terrena ignorando que somos seres trascendentes) e influida por la anomia (dispuestos a negar todo referente moral y en oposición a la ley natural) resulta edificante acercarse a las verdades escatológicas, al ‘conjunto de creencias referentes al fin de los tiempos’ (del griego antiguo ἔσχᾰτος (éschatos)). Entre ellas está la creencia que tenemos los cristianos católicos de la existencia del Purgatorio, donde las almas de los justos pagan su deuda a la Justicia Divina, sufriendo penas purificadoras.

El libro que incluyo en esta entrada del blog, con tres extractos del mismo, está publicado por Ediciones Rialp S.A. y va ya por su 12ª edición. Se trata de una obra anómina francesa que tiene origen en 1994 de Editions Saint-Paul, París y que lleva la aprobación eclesiástica de Mons Henri Bricard, Obispo de Puy en Velay.

«Un número de almas demasiado grande
está en los abismos del infierno eterno…
El peligro de condenaros va siempre creciendo,
debido a las aberracciones
de vuestra manera de vivir,
de lo que vosotros llamáis, equivocadamente,
con tanta ceguera como vanidad,
progreso de la civilización.
¿Es un progreso que esta sociedad
dé más importancia a lo que pasa,
a las satisfacciones efímeras y engañosas
que a las verdades eternas
y a la vida del alma en Dios?
No hay ni un alma de cada diez
que trabaje para su salvación.
«

Cap. Visión de esperanza y paz, pg 101

«Estáis ante un periodo muy grave:
a causa de los atentados directamente contra la vida
y contra las fuentes mismas de la vida,
Dios está presto a castigar a la humanidad
a la medida de sus crímenes tan tremendos.
¡Estáis ante los rigores de la Justicia divina!
«

El me mostró, entonces, una lluvia de almas que se elevaban hacia una especie de claridad muy dulce; comprendí que eran los cientos y miles de niños asesinados en el seno de sus madres. Estos pequeños inocentes no van al Cielo, sino a lo que se llama de manera tradicional el limbo. Es un Cielo sin la gloria de la visión beatífica de Dios, o un infierno sin ningún sufrimiento – no se como explicarlo -. Hay ahí una forma de felicidad que no es sin embargo la beatitud celeste. Allí van esos pequeños que no han conocido la vida fuera de sus madres, y también los niños pequeños muertos que no han recibido el bautismo.

Cap. Visión de esperanza y paz, pg 102

«La Santidad de Dios tiene para vosotros grandes
exigencia. Olvidáis muy a menudo ¡que sois
creados a imagen y semejanza de Dios!
Olvidáis también que habéis sido rescatados
en la Sangre de Cristo.
Pero la Trinidad divina va a suscitar entre vosotros
un ejército de santos,
un gran número de adoradores,
que despreciarán todos los vanos atractivos
del mundo
para consagrarse únicamente
a la glorificación de Dios,
y para trabajar en el silencio y la oración
por la salvación de todos sus hermanos.»

Cap. Visión de esperanza y paz, pg 103

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