«Arrebatada en rojos torbellinos, el alba apaga estrellas lejanisimas; la tierra se estremece de rocio»…
«Temblad y no pequéis, reflexionar en el silencio de vuestro lecho; ofrecer sacrificios legítimos y confiar en el Señor«. Lectio divina. Salmo 4.
Primum, nil nocere. Esta cita latina significa: «primero, no hacer daño«. Es un principio fundamental de la medicina que se remonta a la Antigua Grecia.
La cita se atribuye a Hipócrates que creía que los médicos tenían la obligación de evitar causar daño a sus pacientes. Este principio es aún válido hoy en día y es una guía importante para la práctica de la medicina.
El «primum, nil nocere» es un principio importante porque garantiza que los pacientes reciban atención médica segura y eficaz. Este principio también ayuda a proteger a los pacientes de daños innecesarios.
La máxima «Nil nocere salus aegrotorum suprema lex» es una frase en latín que significa «No causar daño, la salud del paciente es la ley suprema«. Esta máxima se considera uno de los principios fundamentales de la ética médica y se remonta a la tradición hipocrática. La frase se encuentra por primera vez en el Juramento Hipocrático, un conjunto de principios éticos que se atribuyen al médico griego Hipócrates, que vivió alrededor del siglo V a. C. En el juramento, Hipócrates establece que los médicos deben hacer todo lo posible para no dañar a sus pacientes y que su principal objetivo debe ser la salud del paciente.
La máxima también se puede interpretar en un sentido más amplio, como una exhortación a los médicos a ser cuidadosos, responsables y a actuar de manera ética en todas sus interacciones con los pacientes.
En la actualidad, la máxima «Nil nocere salus aegrotorum suprema lex» sigue siendo una guía importante para la práctica de la medicina ética. Los médicos deben tener siempre presente esta máxima y actuar de acuerdo con ella en todas sus decisiones clínicas.
La máxima también es importante para los pacientes, ya que les recuerda que tienen el derecho a recibir atención médica segura y eficaz. Los pacientes también pueden utilizar la máxima para evaluar el comportamiento de sus médicos y asegurarse de que estos están actuando en su mejor interés.
En la bioética contemporánea, el principio médico principal es el principio de beneficencia, que establece que el médico debe actuar siempre en beneficio del paciente. Este principio se basa en la idea de que el médico tiene una obligación moral de ayudar a sus pacientes y de hacer todo lo posible para mejorar su salud.
El principio de beneficencia se puede dividir en dos sub-principios:
- La obligación de proporcionar atención médica adecuada: el médico tiene la obligación de proporcionar a sus pacientes la atención médica que necesitan para mejorar su salud. Esta atención debe ser adecuada, es decir, debe ser segura, eficaz y proporcionada a las necesidades del paciente.
- La obligación de evitar causar daño («primum, nil nocere«): el médico tiene la obligación de evitar causar daño a sus pacientes. Esto significa que el médico debe actuar con precaución y tomar todas las medidas necesarias para prevenir el daño.
El principio de beneficencia es un principio fundamental de la medicina que guía la práctica de los médicos en todo el mundo. Este principio es importante porque garantiza que los pacientes reciban la atención médica que necesitan y que se les proteja de daños.
Otros principios médicos importantes son los siguientes:
- El principio de no maleficencia: este principio establece que el médico no debe causar daño a sus pacientes.
- El principio de autonomía: este principio establece que los pacientes tienen derecho a tomar sus propias decisiones sobre su atención médica.
- El principio de justicia: este principio establece que los pacientes deben recibir la atención médica que necesitan, independientemente de su raza, religión, sexo o condición social.
Estos principios se complementan entre sí y sirven como guía para la práctica de la medicina.
El autor de este blog, sin embargo, comparte además una visión más amplia sobre el ser humano/paciente que no solamente está sujeto a derechos, sino que también goza de una condición como persona ontológica.
Aportaciones: ¿Cómo mejora esta visión del Personalismo?
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La Dimensión Trascendente (El Salmo 4): El personalismo defiende la unidad «corpóreo-espiritual». Al incluir la Lectio Divina y la reflexión en el «silencio del lecho», se refuerza que el acto médico no es solo técnico, sino un encuentro entre dos conciencias. Aporta la interioridad, algo que el principialismo secular suele olvidar.
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La Primacía del Bien (Beneficencia): Al elevar la Salus aegrotorum (salud del paciente) como ley suprema, se le da al personalismo una meta clara: el bien integral de la persona. No es solo «no romper nada» (non nocere), es buscar la plenitud del otro.
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El Respeto a la Tradición: El personalismo se nutre del realismo clásico. Reivindicar a Hipócrates hoy es un acto de rebeldía ética que protege al paciente de ser tratado como un simple «cliente» o «consumidor de servicios de salud».
- Contraposición con el Pricipialismo: Existe una jerarquía clara. Frente a la Autonomía defendemos que el primer principio es el Valor Fundamental de la Vida. Sin vida, no hay autonomía posible. Por tanto, como médico personalista nunca aceptaré la eutanasia, aunque el paciente la pida (autonomía), o el aborto porque violaría el valor previo de la vida. Somos personas por el hecho de ser humanos (ontología). No importa si eres autónomo o no; tu dignidad es intrínseca. El «hacer daño» (nil nocere) se aplica con la misma fuerza a un embrión que a un premio Nobel.
- Libertad y Responsabilidad. La libertad del paciente no es absoluta; está ligada a la responsabilidad de cuidar su propia vida y la del médico de no colaborar en un acto destructivo. El médico no es un «camarero» que sirve lo que el cliente pide, sino un servidor de la vida.
Sobre la autoría de este blog
Mi nombres es José Ernesto Moro Rodríguez. Soy un médico madrileño, especialista en Anatomía Patológica. Actualmente tengo mi actividad profesional como profesor titular universitario en la URJC de Alcorcón, Madrid.