Julián Marías Aguilera (Valladolid, 17 de junio de 1914- Madrid, 15 de diciembre de 2005) fue un filósofo y ensayista español destacado en el panorama intelectual internacional. En numerosas ocasiones se cita su posición en relación con la defensa de la vida tanto por su talla como pensador como por su condición de senador por designación real entre 1977 y 1979 habiendo participado por tanto en la redacción del anteproyecto de la Constitución del 78 con varias propuestas.
Resultado del devenir político sobre este tema en nuestro país llegó a calificar que «La aceptación social del aborto es lo más grave que ha ocurrido en nuestro tiempo«.
De las fuentes de sus escritos copio en esta nota de lecturas algunos extractos de su ensayo «Una visión antropológica del aborto» publicado como artículo en la revista Cuenta y Razón nº10.
Repasando este artículo nos encontramos con que el autor traslada la discusión sobre el aborto del campo de la moral y de las respectivas posiciones religiosas que instruyen a sus seguidores en este nivel, al antropológico, entendiendo con ello que trasciende cualquier decisión a todos los miembros de la sociedad sin distinción y que su aceptación es por tanto una deshumanización de la propia concepción de persona.
No exento de fino humor y dotado de profundidad en su pensamiento nos dejó escrito en su ensayo, como ejemplo, lo siguiente:
«Cuando se dice que el feto es «parte» del cuerpo de la madre, se dice una insigne falsedad, porque no es parte: está alojado en ella, mejor aún, implantado en ella (en ella, y no meramente en su cuerpo). Una mujer dirá: «estoy embarazada», nunca «mi cuerpo está embarazado». Es un asunto personal por parte de la madre.»
«A veces se usa una expresión de refinada hipocresía para denominar el aborto provocado; se dice que es la «interrupción del embarazo». Los partidarios de la pena de muerte tienen resueltas sus dificultades: ¿para qué hablar de tal pena, de tal muerte? La horca o el garrote pueden llamarse «interrupción de la respiración» (y con un par de minutos basta); ya no hay problema. Cuando se provoca el aborto o se ahorca no se interrumpe el embarazo o la respiración; en ambos casos se mata a alguien.»
«Lo que aquí me interesa es entender qué es aborto. Con increíble frecuencia se enmascara su realidad con sus fines. Quiero decir que se intenta identificar el aborto con ciertos propósitos que parecen valiosos, convenientes o por lo menos aceptables: por ejemplo, la regulación de la población, el bienestar de los padres, la situación de la madre soltera, las dificultades económicas, la conveniencia de disponer de tiempo libre, la mejora de la raza. Se podría investigar en cada caso la veracidad o la justificación de esos mismos fines (por ejemplo, se ha hecho campaña abortista en una región de América del Sur de 144.000 kilómetros cuadrados de extensión y 25.000 habitantes, es decir, despoblada). Pero lo que quiero mostrar es que esos fines no son el aborto.»
«Lo correcto es decir: para esto (para conseguir esto o lo otro) se debe matar a tales personas. Esto es lo que se propone, lo que en tantos casos se hace en muchos países en la época en que vivimos. Esta es la significación antropológica de esa palabra tan traída y llevada, que se escribe más veces en un solo día que en cualquier otra época en un año.»
«El núcleo de la cuestión es la negación del carácter personal del hombre.«
«Y si esto se impone y se generaliza, si a fines del siglo xx la humanidad vive de acuerdo con estos principios, ¿no se habrá comprometido, quién sabe hasta cuándo, esa misma condición humana?
Por esto me parece que la aceptación social del aborto es, sin excepción, lo más grave que ha acontecido en este siglo que se va acercando a su final.«
El artículo completo puede descargarse en pdf desde el siguiente enlace: «Una visión antropológica del aborto«.
