Siguiendo con mis lecturas de las obras de José Ramón Ayllón, en «Ética actualizada» de la Bibliotheca Homo Legens, en su Capítulo XIII La Bioética 3. El aborto se concluye con una cita de la Encíclica Evangelum Vitae publicada en 1995 que es muy reveladora por su denuncia del trasfondo del problema del aborto y todos los actores que están implicados. Lo que San Juan Pablo II nos escribió no ha perdido en lo más mínimo su vigencia. Aconsejo releerla y tener en cuenta todas sus consideraciones.
«Evangelium Vitae« de San Juan Pablo II
«59. En la decisión sobre la muerte del niño aún no nacido, además de la madre, intervienen con frecuencia otras personas. Ante todo, puede ser culpable el padre del niño, no sólo cuando induce expresamente a la mujer al aborto, sino también cuando favorece de modo indirecto esta decisión suya al dejarla sola ante los problemas del embarazo: de esta forma se hiere mortalmente a la familia y se profana su naturaleza de comunidad de amor y su vocación de ser «santuario de la vida». No se pueden olvidar las presiones que a veces provienen de un contexto más amplio de familiares y amigos. No raramente la mujer está sometida a presiones tan fuertes que se siente
psicológicamente obligada a ceder al aborto: no hay duda de que en este caso la responsabilidad moral afecta particularmente a quienes directa o indirectamente la han forzado a abortar. También son responsables los médicos y el personal sanitario cuando ponen al servicio de la muerte la competencia adquirida para promover la vida.
Pero la responsabilidad implica también a los legisladores que han promovido y aprobado leyes que amparan el aborto y, en la medida en que haya dependido de ellos, los administradores de las estructuras sanitarias utilizadas para practicar abortos. Una responsabilidad general no menos grave afecta tanto a los que han favorecido la difusión de una mentalidad de permisivismo sexual y de menosprecio de la maternidad, como a quienes debieron haber asegurado —y no lo han hecho— políticas familiares y sociales válidas en apoyo de las familias, especialmente de las numerosas o con particulares dificultades económicas y educativas. Finalmente, no se puede minimizar el entramado de complicidades que llega a abarcar incluso a instituciones internacionales, fundaciones y asociaciones que luchan sistemáticamente por la legalización y la difusión del aborto en el mundo. En este sentido, el aborto va más allá de la responsabilidad de las personas concretas y del daño que se les provoca, asumiendo una dimensión fuertemente social: es una herida gravísima causada a la sociedad y a su cultura por quienes deberían ser sus constructores y defensores. Como he escrito en mi Carta a las Familias, «nos encontramos ante una enorme amenaza contra la vida: no sólo la de cada individuo, sino también la de toda la civilización». Estamos ante lo que puede definirse como una «estructura de pecado» contra la vida humana aún no nacida.»
Dejo a continuación el documento completo por su relevancia histórica al considerarlo como lectura imprescindible.

Hoy, 25 de marzo 2025, celebramos el día del niño por nacer. Se trata de una celebración gozosa de la vida, de la maternidad, de ese proceso biológico bello y maravilloso llamado gestación, del derecho y la dignidad a la vida y al cuidado de la misma. Y tal día como hoy hace 30 años se publicó la Encíclica Evangelium Vitae (San JP II) por lo que recuerdo esta entrada que escribimos para el blog Reflexiones, Primum, nil nocere fijándolo a la página de inicio.